En blogs anteriores, hemos hablado sobré el comercio justo y lo que puedes hacer para apoyarlo. Pero… todavía no hemos comentado cómo funciona el comercio justo en general.
¿Nunca te has preguntando lo que hay detrás de los sellos de comercio justo que ves en algunos de los productos que compras? O, ¿por qué un producto sí que se considera perteneciente al comercio justo y otros no?
En este blog te explicamos cómo el comercio justo intenta crear relaciones comerciales justas entre productores y consumidores.
Un poco de historia
El concepto de comercio justo es simple: se trata pagar un precio justo a los productores. Pero conseguir que el dinero llegue directamente los productores y a sus familias no es tarea fácil. Al final, no puedes pagar más un importe mayor en el supermercado y pedir que envíen directamente ese dinero a los productores.
En los años 50, se inició el movimiento del comercio justo con varias organizaciones de comercio alternativo. El objetivo de estas organizaciones era reducir la pobreza en los países empobrecidos. Para conseguir más beneficios para los productores, redujeron a los intermediarios que vendían sus productos en otros países. Así, los productores tenían acceso directo a mercados diferentes.
Sin embargo, los productos de los pequeños productores todavía no llegaban a los mercados principales. Para presentar los productos del comercio justo a un público más amplío y diferenciarlos del resto de productos, la organización holandesa Solidaridad propuso un sistema de etiquetas en 1988. Hasta el día de hoy se siguen usando estas etiquetas para indicar cuáles son productos de comercio justo y cuáles no. Sin embargo, conseguir una etiqueta no es tan fácil.
Las etiquetas de Comercio Justo
El comercio justo no solo se trata de conseguir un precio justo para los productores, también quiere combatir la injusticia y el cambio climático. Por eso, las empresas en las que no hay buenas condiciones de trabajo, o incluso aquellas empresas cuya forma de producir afecta al medio ambiente de forma negativa, no pueden formar parte del comercio justo.
Para asegurar que la etiqueta de Comercio Justo solo se usa en empresas y negocios que, realmente, promueven el comercio justo, la organización Fairtrade Labelling Organizations International visita explotaciones y granjas en todo el mundo. Inspeccionan las explotaciones e investigan si las cooperativas son gestionadas democráticamente. Las granjas también tienen que cumplir varias normas relacionadas con el medio ambiente, la salud y los derechos humanos.
El problema de las etiquetas y el comercio justo
Después de 30 años de etiquetas, se ha creado un mercado donde los consumidores puede elegir productos del comercio justo, pero el sistema no está exento de problemas. Para empezar, el comercio justo para muchos consumidores se ha convertido la etiqueta. Si no tiene etiqueta, no se considera como comercio justo. Mientras, muchas empresas, también en España, promueven la idea e intentan conseguir los objetivos del comercio justo.
Aunque las reglas y normas para conseguir una etiqueta son estrictas, la investigación que realizan las organizaciones en las empresas y negocios participantes no siempre son todo lo profundas que deberían. Por ejemplo, van en temporada baja, cuando casi no hay trabajadores o personal en las producciones. Y, en el caso que sí las visiten en temporada alta, a veces los trabajadores no aportan información verídica sobre las condiciones y su sueldo, para que no perder su empleo.
Y mientras tanto, hay negocios pequeños aquí, en España, que sí producen en línea con las ideas de comercio justo, pero no disponen de la etiqueta. O negocios que importan directamente sus productos, por ejemplo, su café, de explotaciones, y pagan el precio que valen los granos de café, sin recibir el distintivo de comercio justo.
Reconsiderar el concepto del comercio justo
Hace 30 años, la introducción de etiquetas abrió el mercado a los pequeños productores y cambió la forma en que consumimos, dándonos una opción alternativa. Sin embargo, hemos pasado mucho tiempo tan enfocados en los productos “de fuera”, que olvidamos lo que tenemos más cerca.
No podemos dejar de considerar los productos de una quesería local que produce sus propios quesos, que solo vende en su zona y su país, que ofrece buenas condiciones de trabajo e intenta reducir su huella ecológica, como productos de comercio justo, tan solo porque no tiene una etiqueta.
Como hemos comentado al inicio, sobre cómo funciona el comercio justo, no es solo una cuestión de precio justo, pero una visión en la que se crean relacionas más justas entre consumidor y productor, y entre el productor y la tierra. Y, desde esta perspectiva, los productos de las productoras rurales siempre son comercio justo.
Tú también puedes apoyar el comercio justo, yendo más allá de comprar un producto con una etiqueta en el supermercado, y comprar tus productos de productores/as locales.
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